El Silencio de Dios, una trilogía de Ingmar Bergman

Tres películas que valen la pena analizar

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El Silencio de Dios

El Silencio de Dios es una trilogía del realizador sueco Ingmar Bergman, considerado por muchos como uno de los mejores cineastas en la historia del cine. Definitivamente se trata de un director que ha dejado su huella bien marcada, indeleble al paso del tiempo.

Bien sea con Persona, The Seventh Seal, Wild Strawberries, y otras más selecciones de su basta filmografía, el aporte de Bergman al séptimo arte es inexcusable.

En esta oportunidad nos adentramos en esta etérea trilogía donde El Silencio de Dios es el objetivo antológico y principal de cada uno de los tres filmes. Cabe destacar que ninguna de las tres películas fueron concebidas para formar un trío. Sin embargo, viéndolo en retrospectiva, Bergman aseguró que al basarse en temas espirituales las tres constituirían entonces esta trilogía.

El cine de Ingmar Bergman está hastiado de metafóricas y simbólicas representaciones. Trough a Glass Darkly, Winter Light, y The Silence (los títulos que componen El Silencio de Dios) no son la excepción.

Los conceptos se desarrollan siempre de una manera sumamente sugestiva, sin mostrar ni desarrollar todo por completo, dejándonos la tarea de interpretar el mensaje por nuestra cuenta y así alcanzar a descifrar o reafirmar una parte de nosotros mismos. Esa es la esencia particular de una película de Ingmar Bergman.

Es necesario aclarar que aunque cada una de las tres películas estén intrínsecamente relacionadas con el espiritualismo, se tratan también sobre complicadas relaciones interpersonales. La más enfocada en todo el tema religioso sería Winter Light y sin embargo, al igual que el resto, puede prestarse fácilmente para perspectivas más ligadas a lo personal y las relaciones humanas que a Dios en sí.

Trough a Glass Darkly ‘Såsom i en spegel’ (1961)

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El título de esta primera entrega viene dado directamente de un pasaje de la Biblia, específicamente del libro de Corintios. Haciendo alusión a que todo lo que se ve no es más que el reflejo borroso que expide un espejo. Posiblemente representando metafóricamente la incertidumbre acerca de la existencia de un Dios único y creador.

¿Existe realmente su presencia? ¿O es el simple reflejo de nuestras propias ilusiones? Pues, ya acostumbrados a la peculiar narrativa de Bergman, sería una falsa expectativa esperar encontrar una respuesta concreta en cualquiera de estos trabajos. La respuesta siempre estará en la percepción del filme y nuestras propias experiencias.

Tocando un poco la trama, Trough a Glass Darkly trata principalmente sobre una joven que recién acaba de salir de una institución en la que fue tratada por esquizofrenia. Y ahora devuelta en casa, repara sobre ciertas situaciones problemáticas con respecto a su familia. Busca entonces ansiosamente la calma para su desasosiego, esperando con inquietud alguna respuesta de Dios.

Winter Light Nattvardsgästerna’ (1963)

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Se trata de la más literal de las tres, con un concepto que sencillamente es lo que vemos en pantalla, pero que por supuesto, tampoco le faltan sus idílicos elementos.

Imaginen lo difícil que puede ser para un consagrado de la Iglesia sentir dudas existenciales sobre lo que ha venido proclamando desde hace años. Winter Light nos lo hace saber, presentando las dudas e incertidumbre que sufre un sacerdote a raíz de la muerte de su esposa y de las injusticias del mundo. Y mientras las dudas lo acechan, una asistente puntual de su eucaristía lo contempla siempre con pasión y frenesí, un sentimiento que el pastor continuamente rechaza.

Pero, aparte de la trama, la forma de su desarrollo pausado y su tranquila ejecución es de lo más destacado que se le puede señalar a este tan interesante filme.

The Silence ‘Tystnaden’ (1963)

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La dirección y cinematografía de este filme es verdaderamente una obra admirable, compuesta de meticulosas sombras y contrastes. Y una vez más, podemos apreciar la increíble actriz que es Ingrid Thulin, quien previamente había participado en Winter Light.

Con esta película Bergman presenta una introspectiva visión hacia la inocencia de la infancia, evocando el ingenuo silencio y la imparable curiosidad de un niño. Un ámbito relevado de vez en cuando con un implícito erotismo.

Al igual que las otras dos, The Silence es una metafórica travesía a la que definitivamente vale la pena dar un vistazo y analizar a fondo su lírico contenido.