¿Por qué nos fascinan las películas de terror?

Cada vez es más difícil asustar a los espectadores, pero cuando un realizador lo consigue, se consagra en la industria cinematográfica

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En el universo del cine, existen diferentes géneros que satisfacen nuestro gusto particular: el drama, la comedia, la ciencia ficción y por último el terror. No es un secreto que “disfrutamos” en un sentido figurativo, aunque en realidad sufrimos las películas de terror. Pero aún así, por alguna extraña razón, seguimos viéndolas a pesar de que no sean de nuestro total agrado. Masoquismo, le dicen.

Aquellos largometrajes llenos de suspenso, asesinos seriales, seres fantásticos, elementos paranormales, desmembramientos o mutilaciones llenas de gore y uso exagerado de la sangre, son la opción predilecta de millones. La industria del cine, en miras a satisfacer la demanda pública desarrolla, cada año, una serie de estrenos que complazcan ese placer morboso que nos produce el género del terror.

No te preocupes, no venimos a decirte que tienes un grado de psicopatía (o ¿quizás sí?) por ser un fanático de este fantástico género que ha entregado grandes obras (y otras no tanto) del séptimo arte.

Te mostraremos algunas de las razones, unas basadas en estudios científicos, para conocer de una manera somera y general cómo funciona nuestra mente ante estas películas. De igual forma, desarrollamos otras enfocadas en experiencias personales, una mirada más cercana con la que te puedas familiarizar, y entender el por qué este género nos resulta tan adictivo y excitante.

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Cuando el miedo se apodera de nuestra mente

Nuestra mente, tomando como referencia la terminología de la informática, es aquello no-tangible, nuestro software. Un programa muy rebelde, porque ¡cómo cuesta dominarle!

En este sentido, ante una película de terror, tratamos de calmarnos y entender que aquello proyectado en pantalla, no es real. Sin embargo, la música de fondo, el suspenso de la escena, esa identificación con el personaje evita que separemos lo real de lo ficticio y terminemos sucumbiendo ante el estímulo del miedo.

Por consiguiente, sigamos utilizando la terminología de la informática. Sí nuestra mente es el software, nuestro hardware sería lo físico, aquello que podemos palpar con nuestras manos, pies y órganos. En este sentido, el procesador principal se encuentra en la parte superior de nuestra fisionomía humana. El cerebro, es ese componente central encargado de controlar los diferentes estímulos de nuestro cuerpo.

En síntesis, El profesor de Comunicación en el Manhattan CollegeMichael Grabowski, detalla las razones del por qué sucumbimos ante el miedo durante las películas de terror.

“Normalmente, cuando estamos viendo algo, las regiones motoras de nuestro cerebro (responsables de los procesos de planificación, control y ejecución de las funciones motora) se apagan”

Seguidamente explica que “aún así, estos estímulos son tan fuertes que superan la inhibición del sistema motor“. De ahí se originan los sobresaltos, el grito exteriorizado o interno, el apartar o cubrir la vista, aquellos mecanismos (inconscientes) de defensas primitivos que nos protegen ante la “amenaza” que vemos en pantalla, porque nuestra tranquilidad ha sido vulnerada.

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Es algo incontrolable. Cualquier película de terror vista por primera vez, genera un impacto rotundo, un desborde de sensaciones que nos hace alejarnos de la pantalla y acomodarnos mejor en nuestro asientos. Esto se genera debido a que vemos algo totalmente desconocido, que aviva nuestros mayores miedos y fobias.

Todo parte de la niñez

Ahora bien, alejándonos (un poco) de las razones científicas y estímulos sensoriales. Debemos entender que el miedo nace en diferentes etapas de nuestra vida, pero sobre todo desde la niñez. Tomando como referencia a uno de los pioneros del cine de suspenso, Alfred Hithcock, entendemos que:

El miedo no es tan DIFÍCIL de comprender. Después de todo, ¿no nos asustamos como los niños? Nada ha cambiado desde que Caperucita roja se encuentra al gran y terrible Lobo. Aquello que nos asusta en la actualidad, es exactamente lo mismo que no asustó en el pasado

Por consiguiente, generalmente, todo miedo o fobia nace de alguna terrible vivencia infantil. El miedo a los insectos, a los animales, a la oscuridad, a los fantasmas, incluso a los delincuentes parte de un evento que causó impresión en nosotros, un recuerdo que no podemos olvidar porque alteró nuestra mente por completo.

Es por ello que una de las grandes razones por las que vemos las películas de terror, con una temática especifica, es para demostrarnos que aquello en pantalla ya no nos aterra. Una victoria personal ante el responsable de nuestras pesadillas.

Nada como la primera vez

El cine de terror como todo en la vida causa impresión la primera vez que lo vemos. Al igual que cuando conocemos a una persona, la primera impresión importa y mucho. Producciones como: Das Cabinet des Dr. Caligari (1920), Nosferatu (1922) y Psycho (1960) causaron furor y verdadero terror entre el publico, porque durante la época jamás habían visto algo por igual.

De esta manera, el cine fue evolucionando y el público también. No era tan sencillo asustar como en el pasado, porque una generación ya se había acostumbrado a lo visto en pantalla. De ahí vemos cómo el terror parte de la sorpresa y los inesperado.

El cine de terror es generacional. Siempre hay alguna película en particular que definen una época. Producciones como The Exorcist (1973) y Jaws (1975) sembraron las mayores dosis de pánico y miedo en las salas de cine durante la época de los 70. Luego Evil Dead (1981), Poltergeist (1982), A Nightmare on Elm Street (1984) extendieron el terror un década más.

Seguidamente en los 90, Silence of the Lambs (1991), Scream (1996) y The Witch Blair Project (1999) son las responsables de algunas malas noches de los jóvenes adultos de la actualidad.

Actualmente, tenemos producciones como la saga de Saw, Rec, The Ring, The Conjuring, entre otras. Son películas que forman parte de interminables secuelas de terror y en la actualidad es un género debilitado porque el factor sorpresa se ha perdido. Aquello que daba miedo en el pasado, en contradicción con lo que dice Hitchcock, ya no asusta.

Todo se debe a una cuestión de costumbre, el publico ya sabe como se desenvolverá la historia de acuerdo a su título. Las películas modernas de terror no asustan. ¿Incomodan? sí, ¿nos alteran? también. Todo se debe al uso excesivo de altos niveles de sonido en las salas de cine, una estrategia para activar nuestro reflejos.

Pero, ¿por qué si sabemos de que tratará la película de terror seguimos viéndolas? Porque son adictivas. El miedo es una liberación de sensaciones enormes que resultan estimulantes. Pero sobre todo porque queremos revivir esas vivencias, esa impresión, ese impacto que causó nuestra película de terror favorita. Siempre esperamos que ese estímulo sea igualado y/o superado.

No olvides dejarnos tus impresiones en la sección de comentarios y en redes sociales. Queremos conocer tu película de terror favorita, aquella que se adueña de tus pesadillas.

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