Veep, la incompetente que ganó muchos Emmys

La sátira política más grande de la televisión

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La política es un tema inagotable, cuenta con recursos infinitos para la creación de guiones. En su mayoría estas historias que envuelven el caos, el drama y la polémica suelen carecer de un poco de humor, pues es un tópico que debe “tomarse en serio”. Esto era así hasta que HBO decidió hacer lo contrario y burlarse de los políticos, sus vidas estresantes y sus ansias tontas por el poder.

Frente a este panorama de una sátira política hace su entrada Veep. Una producción de HBO protagonizada por Julia Louis-Dreyfus, quien caracteriza a Selina Meyer, una incompetente vicepresidenta de los Estados Unidos. Junto a sus asesores debe atravesar por situaciones angustiantes e incómodas relacionadas con su agitada agenda política y su ambición de llegar a ser presidente de USA, meta que logra cumplir de una forma un poco “suertuda”.

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Veep mezcla elementos de las tan funcionales fórmulas americanas de sitcom con un toque bien balanceado de torpeza. En este caso uno de los personajes menos hábiles es Selina, quien suele ser representada como una egocéntrica y poco preparada vicepresidenta. A pesar de ser la protagonista, los guionistas de Veep han sabido crear un ambiente de interés humorístico con sus otros acompañantes y no ser Selina el centro de atención ni el pilar de la serie.

De los secundarios, el más destacado es Gary Walsh, interpretado por Tony Hale, y quien a pesar de desarrollar una personalidad parecida a la de Buster en Arrested Development, su caracterización del ayudante y asistente personal de la vicepresidenta lo consagró como mejor actor de reparto en los Emmy 2015. Hale se merece este premio pues la adulación que Gary le da a su jefa nos causa risas, no ternura, ni desagrado, risas.

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Y el Emmy es para Veep porque… 

Veep es distinta, muy distinta, a otras comedias antes vistas, porque cada actuación en la serie es excepcional. Cada situación a la que se enfrenta el gabinete de la vicepresidenta nos deja entrever el mensaje que desde la primera temporada los escritores nos quieren hacer llegar: la política es un desastre.

Ninguno de sus personajes secundarios tiene una linda relación entre ellos a no ser que la camaradería surja cuando se burlan de una misma persona. Amy Brookheimer (Anna Chlumsky), Dan Egan (Reid Scott)  y Mike McLintock (Matt Walsh)  representan el cinismo y la falta de emociones compasivas que se necesitan para abrirse paso en el mundo de la política, así como la muestra de un retrato bien armado del desarrollo de una personalidad que abusa del poder y las influencias en este mundo tan competitivo.  

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Veep cuenta con una fórmula maravillosa, pues cada temporada inicia con una nueva meta u objetivo por parte de la vicepresidenta y su gabinete. Estas situaciones se desarrollan siempre bajo la resolución de pequeños problemas y malentendidos causados gracias a la incompetencia y las palabras poco oportunas de la vicepresidenta.

Mientras estas metidas de pata nos mantienen en risas y en tensión, existe siempre otra trama desarrollándose al mismo tiempo, todo llevado de forma magistral, sin enredarnos o perder el interés. Hasta que al final, después de tanto correr, reír y llorar, Selina logra llegar a donde quiere pero algo se le atraviesa en el camino y debemos esperar una temporada más. El episodio final de cada temporada de Veep es siempre el que tiene el mejor cliffhanger. 

Veep se vale de acercarnos mucho a la realidad y por eso nos gusta tanto. Al ser una sátira es importante siempre burlarse de todo y cuando decimos de TODO nos referimos a que nadie se salva.

Selina suele ser una mujer que aún teniendo tanto dinero y siendo tan poderosa, su ego y su soberbia la hacen ver ridícula, suele burlarse de la gente mediante una posición de superioridad, como vimos en el capítulo “Clovis”, en el que los guionistas se valen de la campaña de Selina para mostrarnos cómo los políticos se acercan a temas que desconocen en lo absoluto y los apoyan sólo con el fin de obtener más votos. Es decir, en el momento en el que lo políticos de la serie se burlan de algo nosotros nos estamos burlando de ellos.

Las líneas en las que Selina se burla de todo aquello que no entiende y que suelen meterla en apuro es uno de los fuertes de este personaje: 

“Sé que andas caminando por ahí como si fueras C3PO con una metálica y brillante erección, pero déjame decirte que esto es una guardería para cibermocosos. Tengo que ir al baño, ¿tiene un baño aquí? ¿o ellos cagan directo en la nube?”

En Veep logran hacer un retrato exagerado y resaltante de lo que es en realidad este negocio lleno de oportunistas poco preparados para tratar con la gente, pero desesperados por la atención de los medios y porque estos hablen bien de sus acciones. Como es el caso del episodio en el que Saturday Night Live se burla de Meyer, algo común en la vida real y que en la serie  se presenta como un torbellino de problemas que debe afrontar el gabinete de la vicepresidenta a la hora de hablar con los medios de comunicación.

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Aún cuando la cuarta temporada de la serie entra con David Mandel como guionista nuevo, sigue siendo igual de hilarante, nos regala el factor sorpresa de siempre gracias al ascenso de un personaje nuevo interpretado por Hugh Laurie y que logra una posición que no esperábamos nunca. Es esto último lo que hablamos en párrafos anteriores: el cliffhanger de la serie y el retrato de sus personajes son los dos músculos mejor entrenados y desarrollados.

A diferencia de House of Cards el mundo del capitolio en Veep es un poco más “creíble” y con personajes para nada heroicos. Lo que nos lleva a pensar que si una vez USA tuvo un presidente tan poco elocuente como George Bush, entonces Selina se encarga de ser la representación femenina de todas las inoportunidades que tienen los políticos incompetentes, quienes sabemos están de sobra en este mundo.

Veep se consagra por tercer año consecutivo como la sátira política más grande de la televisión y como la mejor comedia de HBO. Julia Louis nos demuestra que no se oxida y que no se ha quedado encasillada en ningún personaje. Lo que parecía ser otra historia tonta de políticos ha dejado a un lado todos los demás intentos -como The Brink– que quisieron burlarse de un mundo tan serio y solo hicieron el ridículo.

Veep se convierte en el lente para ver un mundo que quiere controlarnos, pero que a su vez no sería nada sin nuestra opinión como ciudadanos, además qué mejor forma de dejar de subestimar a los políticos que reírnos de ellos.